Correr es correr. Simplemente eso. Estirar las patas al máximo para trincar la liebre. Un galgo, no corre, alarga su cuerpo. Correr es eso que hacen los yonkis calle arriba, sprint final, un gramo y colocón finish. Corren los morosos, los que deben pasta, los que no pagan por hacer su trabajo, los que hacen que se desplumen empresas y familias. Corren los contrabandistas de café y tabaco, corren que se las pelan, corren para pagar las deudas y no ser morosos, corren, y la Guardia Civil, a veces les deja que corran, para que puedan alimentar a sus familias. Corren, fuman y beben café, esos son los dinosaurios del siglo XI, exposición sempiterna de magnates mangantes que hacen que el yonki corra para pagar por su mercancía. No son morosos, pagan y bien, pero desvalijan las almas de las familias. Corre, lento, triste, con sentencia en la mano, corre para guardar navajas, tijeras, peines y Floyd con olor a primera república. Es hora de afilar cuellos como en el Far West, el barbero más rápido de este lado de la región. Corre el turno de guardia, una paliza de un malnacido a su pareja, un cuello mal afeitado con mucha sangre, un galgo ha sido detenido por tenencia ilícita de conejos, apostado entre los matojos de las afueras del pueblo, dos guardias civiles lo detienen y foto portada de diarios. Corre el turno de guardia, los abogados no corren, abogan, buscan la metadona de sus clientes. Corre con ritmo de Paavo Nurmi y zancada de Saïd Aouita, corre y sesga todo, corre sigiloso y deslizante. Corre el cáncer. Nosotros corremos más que él, porque correr es correr, hacer la foto un segundo antes de que nos entierre. Simplemente eso.

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