Litle Extremadura, un barrio del mundo. Un crisol de gentes enjarretados en costumbres moras, judías y cristianas. Un pueblo con mar desalado acostumbrado a navegar, emigrar e inmigrar, tren de vía lenta arriba, tren de vía estrecha abajo. Litle Extremadura se hace fuerte entre el resto de tribus de la City. Los chicos del downtown miran de reojo, con recelo, con excesivo respeto. Guerra de bifanas y naranjazos en tiempos de poca luz. Ahora el esperma de ballena ilumina el barrio. Fardos de jamón de montanera y café de contrabando para pagar a los de Ellis Island. Día de la Patrona y desfile  por la calle Mott. Hoy toca hamburguesa de caldereta en Monfrague Park. El distrito financiero da sombra a las manzanas de la zona, los rascacielos sin embargo no evitan que el calor entre por las rendijas de los apartamentos. Suena flamenco de fondo y un poeta recita versos en castúo. Los turistas ojean el plano de Litle Extremadura, lo ojean, lo remiran, discuten entre ellos…Litle Extremadura, como decía Melville, no está marcada en ningún mapa: los sitios de verdad no lo están nunca. 

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